Hasta hace pocos años, Wrexham apenas figuraba en el mapa del fútbol mundial. Todo cambió de manera drástica en 2021, cuando las estrellas de Hollywood Ryan Reynolds y Rob McElhenney compraron el club galés, que atravesaba dificultades. Lo que en un principio parecía un proyecto excéntrico de celebridades terminó convirtiéndose en una fuerza cultural y económica que pocos habrían imaginado.
Las cifras cuentan la historia. Solo en el último año, alrededor de dos millones de turistas pasaron por el condado que antes era olvidado, lo que supone un aumento impresionante de cerca del 90 % en cinco años. Hoy, aficionados de todo el mundo —desde Australia hasta Estados Unidos— viajan para visitar los pubs del club, recorrer los alrededores del estadio y tomarse fotos que se asemejan más a escenas de una serie de televisión que a imágenes de un campo de fútbol de categorías inferiores.
La resurrección de Wrexham nunca se trató únicamente de los resultados sobre el césped. Desde el inicio, el club fue reconstruido como un proyecto impulsado por la narrativa. El contraste entre el glamour de Hollywood y la dura realidad del fútbol de divisiones bajas se convirtió en la base de una serie documental que rápidamente superó a producciones similares. Mientras otros clubes contaban historias tradicionales de regreso, Wrexham se presentó como un universo de entretenimiento en constante evolución, con el fútbol como hilo conductor.
A diferencia de los documentales deportivos más convencionales, que con el tiempo se alejan de las cámaras, Wrexham se volcó por completo en el foco mediático. Ya se han filmado varias temporadas y el proyecto no muestra señales de desaceleración. El club atrajo a un nuevo tipo de aficionado: espectadores que a veces prefieren esperar la versión editada y dramática de los acontecimientos en lugar de ver los partidos en directo, simplemente para evitar “spoilers”.
La falta de familiaridad inicial de Reynolds y McElhenney con la cultura futbolística —ascensos, descensos e incluso empates— añadió de forma inesperada un encanto especial a la historia. Su proceso de aprendizaje pasó a ser parte del espectáculo, aportando humor y cercanía a un público que nunca había seguido el deporte de manera habitual.
En lo deportivo, el ascenso de Wrexham ha sido igualmente notable. Ahora entre los aspirantes al ascenso en la Championship, el club persigue un logro histórico: saltar de la quinta división a la Premier League en solo cuatro temporadas. Un progreso que parece casi escrito de antemano, pero cuya presión es muy real. El éxito genera atención, audiencia e inversión, mientras que el fracaso podría romper el impulso cuidadosamente construido.
El crecimiento del club también ha transformado los días de partido. El estadio ampliado tiene ahora capacidad para 18.000 aficionados, con cientos de entradas reservadas para visitantes internacionales en cada encuentro. Las gradas suelen mostrar un contraste llamativo: seguidores galeses de toda la vida expresando su frustración junto a turistas grabando contenido para las redes sociales.
Esta transformación ha provocado críticas de los tradicionalistas, que sostienen que Wrexham ha perdido su identidad. Sin embargo, el impacto económico es difícil de ignorar. El club inyecta actualmente unos 191 millones de libras esterlinas al año en la economía local. Inversiones recientes han valorado a Wrexham en torno a los 350 millones de libras, reforzando su estatus como marca global más que como una simple historia local de supervivencia.
Lo que una vez fue un club comunitario en apuros se ha convertido en una start-up moderna del fútbol, impulsada por el storytelling, la visibilidad y la ambición. Hoy, los días de partido se asemejan más a fenómenos virales que a batallas embarradas de categorías inferiores, pero la fórmula funciona. En Wrexham, el fútbol ya no es solo el juego: es la trama, y el ascenso es el suspense que mantiene al mundo mirando.