La tenista rusa de 19 años confirmó su creciente reputación al vencer por 6-3 y 6-2 a una rival clasificada en el puesto 114 del ranking mundial, que protagonizó una sorprendente carrera hasta la final. Con este triunfo, Andreeva se convierte en la campeona más joven en Roland Garros desde Monica Seles en 1992.
El encuentro se resolvió en 1 hora y 22 minutos, tras lo cual la jugadora se desplomó sobre la tierra batida en celebración antes de correr hacia las gradas para abrazar a su entrenadora, la ex campeona de Wimbledon Conchita Martínez.
Andreeva aseguró que esta victoria cumple un sueño de infancia, ya que seguía Roland Garros desde muy joven y siempre aspiró a levantar el trofeo.
La final comenzó con nervios por parte de ambas jugadoras, con condiciones de viento que provocaron varios quiebres de servicio tempranos. Chwalińska, número 114 del mundo, logró entusiasmar brevemente al público al mantener su primer juego de servicio, respaldada por un numeroso grupo de aficionados polacos.
Sin embargo, Andreeva se asentó rápidamente, mostrando mayor consistencia y control para encadenar nueve juegos consecutivos y tomar ventaja por 6-3 y 5-0.
Aunque no pudo cerrar el partido en su primer punto de campeonato, reaccionó de inmediato y selló la victoria en la siguiente oportunidad con un revés ganador al servicio de su rival.
El ascenso de Andreeva ha sido seguido de cerca desde su irrupción en el Madrid Open 2023, donde su estilo valiente llamó la atención de figuras destacadas del tenis. Desde entonces, se ha consolidado como una de las principales jugadoras del circuito WTA.
Bajo la dirección de Conchita Martínez, ha ganado madurez y disciplina táctica sin perder su agresividad natural. Fue semifinalista en Roland Garros en 2024 y continuó su progresión en 2025, conquistando dos títulos WTA 1000 y entrando en el top 5 mundial.
A pesar de algunos momentos de emoción en pista, mostró una gran serenidad durante todo el torneo, incluida una contundente victoria en semifinales ante Marta Kostyuk.
Ante Chwalińska, su potencia y dominio desde el fondo de la pista terminaron marcando la diferencia en una final claramente controlada por la rusa.
Con este logro, Andreeva se une a la élite de campeonas de Grand Slam y confirma la llegada de una nueva fuerza dominante en el tenis femenino.
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