Alexandra Eala y Janice Tjen han seguido caminos diferentes para alcanzar el top 40 de la WTA, pero ambas han surgido de una región que rara vez ha producido nombres de élite en el tenis femenino. Su ascenso ha puesto una nueva atención sobre el tenis del Sudeste Asiático, donde la representación en la élite ha sido históricamente limitada.
Eala, que cumplirá 21 años justo antes del inicio de Roland Garros, hizo historia a principios de este año al convertirse en la primera jugadora de Filipinas en entrar en el top 50 mundial. Tjen, que cumplió 24 años en mayo, escaló hasta el top 40 en febrero, convirtiéndose en la tenista indonesia mejor clasificada desde Yayuk Basuki, quien alcanzó el top 20 a finales de los años 90.
A pesar de estar separadas por más de 1.500 kilómetros entre sus países, ambas jugadoras comparten un vínculo marítimo y han forjado una estrecha relación en el circuito, llegando incluso a jugar juntas en dobles en algunas ocasiones. Su creciente popularidad les ha valido el apodo de “SEASters”, que refleja tanto sus raíces regionales como su éxito compartido.
El ascenso de Eala ha estado acompañado por un fuerte apoyo de la amplia comunidad filipina en el extranjero, que acude en gran número a sus partidos en todo el mundo. La joven jugadora ha admitido que al principio se sorprendió por la magnitud de su creciente base de aficionados, aunque posteriormente ha aprendido a aceptarla mientras mantiene el foco en su rendimiento.
Su popularidad también ha sido notada por otras jugadoras, que destacan el ambiente vibrante que generan sus seguidores en los torneos. Sin embargo, Eala insiste en la importancia del equilibrio, explicando que, aunque valora el apoyo, su principal prioridad sigue siendo su desarrollo y rendimiento.
Tjen, representante de Indonesia, también se ha convertido en motivo de orgullo nacional para un país de más de 280 millones de habitantes. Ha mantenido los pies en la tierra pese a su ascenso, restando importancia a las expectativas externas y centrándose en el trabajo duro y la constancia mientras continúa su desarrollo en el circuito WTA.
Ambas forman parte de una tendencia regional más amplia, junto con jóvenes talentos de Tailandia que también se acercan al top 100. Eala ha expresado su orgullo por formar parte del crecimiento del Sudeste Asiático en el tenis femenino, destacando la cultura compartida y la conexión entre las jugadoras de la región.
El camino de Eala comenzó cuando dejó su hogar a los 12 años para unirse a la academia de Rafael Nadal en España, donde desarrolló su juego y más tarde ganó el título júnior del US Open en 2022. Su admiración por Rafael Nadal ha influido en su mentalidad, especialmente en su resiliencia en los partidos difíciles y su capacidad para superar límites físicos.
El recorrido de Tjen ha sido diferente, moldeado por el tenis universitario en Estados Unidos gracias a becas en las universidades de Oregon y Pepperdine. Solo recientemente dio el salto completo al circuito profesional en tierra batida y ha reconocido los desafíos de la vida en el circuito, incluyendo los viajes constantes y el tiempo lejos de casa.
A pesar de sus diferentes trayectorias, ambas representan ahora una nueva era del tenis del Sudeste Asiático, rompiendo barreras y consolidándose progresivamente en el escenario mundial.
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