El fútbol en Arabia Saudita ha experimentado una transformación notable gracias a una fuerte inversión que ha convertido su liga doméstica en un destino atractivo a nivel global. Sin embargo, la selección nacional aún no ha logrado traducir ese crecimiento en resultados sobre el terreno de juego. El país ha invertido alrededor de 2.000 millones de dólares en tres años para atraer a figuras de renombre como Cristiano Ronaldo, Neymar y Karim Benzema, con el objetivo de elevar la competitividad y el perfil internacional de su campeonato.
Este desembolso forma parte de una estrategia más amplia que incluye la candidatura para organizar la Copa del Mundo de 2034 y el posicionamiento del país como un gran centro de turismo y negocios. A pesar de ello, el rendimiento de la selección no ha estado a la altura de esas ambiciones.
Desde su sorprendente victoria ante Argentina en el Mundial de 2022, Arabia Saudita ha tenido dificultades para mantener la regularidad. Su clasificación para el torneo ampliado de 48 equipos solo se consiguió a través de los playoffs, superando por poco a Irak e Indonesia por diferencia de goles.
La inestabilidad en el banquillo también ha contribuido a la incertidumbre. Una dura derrota por 4-0 ante Egipto y otro revés frente a Serbia llevaron al despido de Hervé Renard, poniendo fin a su segunda etapa al frente del equipo tras haber sustituido a Roberto Mancini.
El nuevo seleccionador, Georgios Donis, nombrado poco antes del torneo, ha señalado un problema clave: la reducción del tiempo de juego de los futbolistas locales debido a la gran llegada de estrellas extranjeras a la liga doméstica. Aunque reconoce los beneficios de entrenar junto a jugadores de élite, advierte que la falta de minutos puede afectar el ritmo y la competitividad de los futbolistas saudíes.
Arabia Saudita afronta ahora un grupo complicado en el Mundial junto a España, Uruguay y Cabo Verde. A pesar del desafío, el nuevo formato del torneo ofrece una oportunidad, ya que los terceros clasificados aún pueden avanzar a las fases eliminatorias.
Los analistas consideran que el declive de la selección está relacionado con cambios estructurales en la liga, donde los jugadores extranjeros han ocupado puestos clave que antes pertenecían a talentos locales. Solo un miembro del equipo juega actualmente en el extranjero, lo que limita la experiencia internacional.
Con la presión en aumento tras una decepcionante campaña en 2022, este Mundial se considera una prueba clave para evaluar el proyecto futbolístico saudí a largo plazo antes de la Copa del Mundo de 2034.
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