La CAN 2025 será recordada como un torneo lleno de contrastes: fútbol vibrante y récord de goles por un lado, y debates sobre arbitraje y gobernanza por el otro.
Cuando finalmente se disipó el polvo en Rabat, el 18 de enero, fueron los Leones de la Teranga de Senegal quienes se alzaron, levantando su segundo título de la CAN en cinco años tras una final dramática y controvertida.
Organizada por Marruecos, la CAN 2025 se desarrolló a lo largo de cuatro semanas intensas, con estadios repletos, un ambiente festivo y un recordatorio del atractivo global del fútbol africano. Desde el pitazo inicial el 21 de diciembre en Rabat, quedó claro que esta edición sería única, no solo por la calidad en el campo, sino también por su posición inusual en el calendario.
Una CAN de invierno con un toque moderno
Para acomodar la Copa Mundial de Clubes de la FIFA ampliada a 32 equipos y un calendario europeo congestionado, la CAF organizó la CAN 2025 durante la temporada navideña y de Año Nuevo, una primera en la historia del torneo. Aunque inicialmente controvertido, este calendario festivo aumentó la audiencia global y conectó con la diáspora africana.
La organización marroquí destacó, con partidos en nueve estadios de clase mundial repartidos en seis ciudades —Rabat, Casablanca, Marrakech, Tánger, Agadir y Fez—. La logística impecable, la seguridad robusta y las zonas de aficionados animadas fueron elogiadas por la CAF y observadores internacionales, mientras analistas calificaron el torneo como un “ensayo general” para eventos globales futuros, incluida la Copa Mundial FIFA 2030, que Marruecos coorganizará.
Goles, evolución y nuevas historias
En el campo, la CAN 2025 ofreció entretenimiento abundante. Se marcaron 122 goles, un récord que superó el anterior de Costa de Marfil 2023, destacando la evolución ofensiva del torneo.
Mientras las potencias tradicionales avanzaban, la fase de grupos también celebró la resiliencia de equipos emergentes. Mozambique, Benín y Sudán fueron elogiados por su disciplina táctica, mientras que la República Democrática del Congo se destacó como uno de los equipos más equilibrados del torneo.
Nigeria se convirtió en la fuerza ofensiva más potente, marcando 14 goles, liderada por la velocidad y eficacia de Victor Osimhen y Ademola Lookman. A pesar de distracciones fuera del campo, incluidos retrasos en los bonos que provocaron protestas, la intervención gubernamental ayudó a estabilizar la situación y mantener competitivos a los Super Eagles.
Nigeria, Egipto y su legado
La campaña de Nigeria terminó en desilusión en semifinales tras perder en tanda de penales contra el anfitrión Marruecos, un partido que generó controversias arbitrales. Los Super Eagles se recuperaron en el partido por el tercer lugar, derrotando a Egipto 4–2 en penales después de un empate sin goles. Este resultado mantuvo el récord perfecto de Nigeria en medallas de bronce en la CAN —ocho victorias en ocho partidos por el tercer lugar— y elevó su total a nueve medallas de bronce, la mayor cifra en la historia del torneo. El portero Stanley Nwabali fue decisivo bajo presión.
Egipto, liderado por Mohamed Salah, mostró resiliencia al eliminar a los campeones defensores Costa de Marfil antes de perder ajustadamente frente a Senegal en semifinales. Aunque sin trofeo, los Faraones reafirmaron su relevancia continental.
El ascenso de Marruecos y la controversia
La campaña de Marruecos hasta la final mostró madurez táctica y solidez defensiva. Brahim Díaz, con cinco goles, ganó la Bota de Oro, mientras que el portero Yassine Bounou obtuvo el Guante de Oro tras conceder solo dos goles antes de la final.
Sin embargo, a medida que avanzaba Marruecos, las críticas al arbitraje se intensificaron. Desde Nigeria hasta Argelia y Camerún, jugadores, oficiales y aficionados cuestionaron la consistencia, la interpretación del VAR y la supuesta ventaja de local. Las redes sociales y foros de fútbol se llenaron de análisis comparando el arbitraje con ediciones anteriores de la CAN, con muchos argumentando que los estándares quedaron por detrás de la calidad organizativa del torneo. El presidente de la CAF, Patrice Motsepe, reconoció posteriormente las críticas y prometió revisar y mejorar la transparencia, la rendición de cuentas y el desempeño arbitral.
Una final histórica
La final entre Marruecos y Senegal encapsuló los temas de la CAN 2025: tensión, controversia y resiliencia. La dramaturgia tardía incluyó un penalti concedido a Marruecos tras la intervención del VAR en el minuto 98, momentos después de que un gol de Senegal fuera anulado. Senegal abandonó brevemente el campo en señal de protesta, llamando la atención mundial.
El portero Édouard Mendy detuvo el penalti, y Senegal finalmente anotó el gol de la victoria con Pape Gueye en tiempo extra, sellando un triunfo de 1–0 y confirmando su dominio en el fútbol africano durante la última década. Las reacciones postpartido fueron rápidas: el entrenador de Marruecos, Walid Regragui, criticó la protesta de Senegal, y el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, solicitó revisiones disciplinarias.
Legado más allá del trofeo
La CAN 2025 deja un legado profundo. El triunfo de Senegal destacó la continuidad, la fuerza mental y la profundidad del plantel. Marruecos reforzó su ascenso como potencia continental y anfitrión de élite. Nigeria mostró excelencia ofensiva, mientras que Egipto sigue siendo una fuerza en el fútbol africano.
Aun así, queda una pregunta: ¿podrá la CAF igualar el crecimiento del fútbol africano con estructuras de arbitraje y gobernanza igualmente sólidas?
Mientras el continente se prepara para futuras ediciones de la CAN y torneos globales, la CAN 2025 se mantiene como una celebración del progreso y un recordatorio de que la credibilidad fuera del campo debe evolucionar al mismo ritmo que la excelencia dentro de él.
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